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Hacía varios días que mi laptop venía emitiendo un zumbido permanente, estilo llegada de platos voladores en una película clase zeta. Sí, el característico "hmmmmmm" de cuando el ventilador tiene más mugre que el Riachuelo (del lado de Puerto Piojo) y, si no se lo limpia, se corre el riesgo de que se clave, se caliente el procesador y la máquina nos abandone en mitad de alguna tarea crítica como por ejemplo ver videos sobre el monstruo del dique Cabra Corral en YouTube (al que le pusieron Cabralito porque, si le ponían Corralito, la gente sí que se iba a cagar en las patas).

En fin, que tenía el ventilador sucio y, destornillador en mano, me dispuse a hacer la limpieza. Apagué la máquina, la desenchufé, la di vuelta y ¡sorpresa! La Compaq Presario C700 no tiene, del lado de atrás, un acceso directo al ventilador (sí lo tiene, por ejemplo, al disco rígido y a los slots de memoria ram). Para limpiar el puto ventilador, tenía que desmontar todo el culo de la máquina, unos catorce tornillos Phillips pequeñísimos, de los cuales seguro acabaría extraviando la mitad.

Entonces, hice lo que todo amo del DIY haría:
a fucking kludge.

Busqué la aspiradora de mano -esa que parece un phaser de Star Trek-, la puse contra el respiradero del ventilador y la encendí a máxima potencia. Aspiré la mugre a través del enrejadito de plástico. ¡Voilá! Mi computadora ya no zumba. Me sentí Steve Wozniak en su legendario garage californiano. Pero soy un vago, nomás.





Nota: La verdad, hoy iba a escribir una porquería seria, sesuda, motivacional, casi de manual de autoayuda, sobre el valor de emprender, de tomar la iniciativa, de tener a la vida firme por las riendas y al destino agarrado de las pelotas. Pero honestamente mi día fue esto; escribir en calzones un freelo infumable, ordenar el placard, lavar la ropa, empezar un brief para un nuevo mal proyecto (de esos que pagan bien), prepararme para ir al cine de trasnoche a ver a los Muppets y atacar a una laptop con una aspiradora. En fin, es lo que hay.

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