329
Hoy no tengo putas ganas. De nada. Ni de ir al centro, ni de romperme el orto para vender entradas para dos shows, ni de salir a monologar, ni de lidiar con divismos, ni de bancarme las pelotudeces ajenas. Solo quiero quedarme en la cama comiendo helado y jugando Angry Birds. Y que alguien más se haga cargo del mundo, yo ya tengo los huevos llenos.
330
Hacía varios días que mi laptop venía emitiendo un zumbido permanente, estilo llegada de platos voladores en una película clase zeta. Sí, el característico "hmmmmmm" de cuando el ventilador tiene más mugre que el Riachuelo (del lado de Puerto Piojo) y, si no se lo limpia, se corre el riesgo de que se clave, se caliente el procesador y la máquina nos abandone en mitad de alguna tarea crítica como por ejemplo ver videos sobre el monstruo del dique Cabra Corral en YouTube (al que le pusieron Cabralito porque, si le ponían Corralito, la gente sí que se iba a cagar en las patas).
En fin, que tenía el ventilador sucio y, destornillador en mano, me dispuse a hacer la limpieza. Apagué la máquina, la desenchufé, la di vuelta y ¡sorpresa! La Compaq Presario C700 no tiene, del lado de atrás, un acceso directo al ventilador (sí lo tiene, por ejemplo, al disco rígido y a los slots de memoria ram). Para limpiar el puto ventilador, tenía que desmontar todo el culo de la máquina, unos catorce tornillos Phillips pequeñísimos, de los cuales seguro acabaría extraviando la mitad.
Entonces, hice lo que todo amo del DIY haría:
a fucking kludge.
Busqué la aspiradora de mano -esa que parece un phaser de Star Trek-, la puse contra el respiradero del ventilador y la encendí a máxima potencia. Aspiré la mugre a través del enrejadito de plástico. ¡Voilá! Mi computadora ya no zumba. Me sentí Steve Wozniak en su legendario garage californiano. Pero soy un vago, nomás.
Nota: La verdad, hoy iba a escribir una porquería seria, sesuda, motivacional, casi de manual de autoayuda, sobre el valor de emprender, de tomar la iniciativa, de tener a la vida firme por las riendas y al destino agarrado de las pelotas. Pero honestamente mi día fue esto; escribir en calzones un freelo infumable, ordenar el placard, lavar la ropa, empezar un brief para un nuevo mal proyecto (de esos que pagan bien), prepararme para ir al cine de trasnoche a ver a los Muppets y atacar a una laptop con una aspiradora. En fin, es lo que hay.
Nota: La verdad, hoy iba a escribir una porquería seria, sesuda, motivacional, casi de manual de autoayuda, sobre el valor de emprender, de tomar la iniciativa, de tener a la vida firme por las riendas y al destino agarrado de las pelotas. Pero honestamente mi día fue esto; escribir en calzones un freelo infumable, ordenar el placard, lavar la ropa, empezar un brief para un nuevo mal proyecto (de esos que pagan bien), prepararme para ir al cine de trasnoche a ver a los Muppets y atacar a una laptop con una aspiradora. En fin, es lo que hay.
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Me encantaría contar con lujo de detalles mi día de ayer. La catarsis me vendría fantástica. Pero, solo por hoy, me voy a abstener. Aún no me olvido de que, allá afuera, hay menores, damas, ancianas, monjitas de la orden de las Carmelitas y gente "del ambiente" leyéndome. Así que me ahorro la tristeza. Basta decir que fue uno de los días con mayor pronóstico de apocalipsis desde que empecé esta cuenta regresiva.
Bueno... quizás me permita un par de metáforas, che...
En el viaje de regreso desde la redacción hasta casa, el shuffle del iPad me bendijo con una letra de Leonard Cohen (en la versión de Concrete Blonde para la banda de sonido de Pump up the volume) que, a esa hora de la noche, lo explicaba todo con una claridad obscena:
Everybody knows that the dice are loaded
Everybody rolls with their fingers crossed
Everybody knows that the war is over
Everybody knows the good guys lost
Everybody knows the fight was fixed
The poor stay poor, the rich stay rich
That's how it goes
Everybody knows
Everybody knows that the boat is leaking
Everybody knows that the captain lied
Everybody got this broken feeling
Like their father or their dog just died
Everybody talking to their pockets
Everybody wants a box of chocolates
And a long stem rose
Everybody knows
Everybody knows that you love me baby
Everybody knows that you really do
Everybody knows that you've been faithful
Give or take a night or two
Everybody knows you've been discreet
But there were so many people you just had to meet
Without your clothes
And everybody knows
And everybody knows that it's now or never
Everybody knows that it's me or you
And everybody knows that you live forever
Ah when you've done a line or two
Everybody knows the deal is rotten
Old black Joe's still pickin' cotton
For your ribbons and bows
And everybody knows
La noche me esperaba con cena casera, de manos de mi chica, mucho café, un deseo reprimido de clavarme medio kilo de super-dulce-de-leche y el DVD de The concert for George. Y pese a que aún me picaba en la cabeza la letra de Cohen, me encontré con este mensaje del Harrison más sabio:
Sunrise doesn't last all morning,
a cloudburst doesn't last all day
Seems my love is up
and has left you with no warning
It isn't always gonna be this grey
Sunset doesn't last all evening,
a mind can blow those clouds away
after all this my love is up
and must be leaving.
It isn't always gonna be this grey
All things must pass
none of life's strings can last
So I must be on my way
to face another day
Darkness only stays at nighttime,
in the morning it will fade away
Daylight is good at arriving at the right time
It isn't always gonna be this grey
all things must pass away
Sabrán perdonar el críptico. Mañana será mejor.
332
¿Te acordás de la última semana de quinto año? Exámenes rendidos, materias aprobadas, fin de un ciclo, comienzo de la vida "real", sensación de "superado", recuerdos -y resacas pendientes- de Bariloche; y uno, que sigue yendo a la escuela, nomás porque a algún craneo en un ministerio se le ocurrió poner como fecha de cierre del ciclo lectivo un día que nos deja esa laguna entre la nada y lo que sigue. Días de calor y tedio parcial, ahogados en helados de Vía Flaminia y campeonatos maratónicos de tutti-frutti. Mañanas sin afeitarse -qué importan ya los berrinches de Grace, la directora de estudios- y de llevar una malla en la mochila para ir a refugiarse en alguna pileta, a la salida.
Y en medio de esa semana en el paraíso (que sólo es una transición entre dos infiernos), aparece una conchuda que dice: "las clases no terminaron, saquen una hoja, que vamos a hacer un trabajo práctico".
¿Te acordás?
Y en medio de esa semana en el paraíso (que sólo es una transición entre dos infiernos), aparece una conchuda que dice: "las clases no terminaron, saquen una hoja, que vamos a hacer un trabajo práctico".
¿Te acordás?
Bueno, yo soy el boludo que saca una hoja.
333
Faltan 333 días para el fin del mundo y, por primera vez en mucho tiempo, en este preciso instante, no tengo nada que hacer. Bah, nada lo que se dice nada, no. Tengo un par de cosas que hacer. Tengo algunos cacharros para vender que debería subir en Mercado Libre y un freelo infumable -que ya me dije a mi mismo que lo iba a despachar el viernes y no tengo ganas de arrancar hoy-, además de que podría tratar de adelantar el sumario de mañana.
Pero la verdad es que tengo una paja cósmica. Y por primera vez en demasiados años puedo sentarme a disfrutarla. Ojalá que no me acabe pasando las facturas.
334
Hoy me mandaron una foto del que, en un futuro no muy lejano, será el primer baterista entre los Gualda. Está bien. Demasiados violeros, era hora de un cambio.
Mi jefe volvió de sus vacaciones, por lo que tuve que desalojar el marciano inflable que ocupaba su silla. El staff empezó a extrañarlo. Al marciano.
El clima en el laburo no es exactamente bonito -hay todo un departamento al borde del motín- pero la "evacuación" de los que no seremos parte de la nueva etapa del diario parece estar encaminándose y sucediendo de una forma bastante prolija. Un par de los que fueron trasladados a la nave insignia de la flota, esa que no va a hundirse nunca, aún no toman dimensión de lo que les sucedió, ni se dan cuenta del todo de que esto es, en cierta forma, un ascenso; que salieron fortalecidos de la crisis (uh, ya sueno como un congreso de management pedorro).
Será que, en el fondo, todos nos encariñamos demasiado con este diario pedorro, amarillito, escandaloso y gramaticalmente irreverente. Y cuesta dejarlo ir.
335
Hoy maté un chancho. Y no hablo de la faena de un porcino. Ni siquiera de una partida desenfrenada de Angry Birds. Hoy, bajo un certero martillazo, asesiné un chanchito de yeso que contenía algunos billetes doblados en muchas partes. Sí, ahorros.
No fue una muerte honorable, porque el pobre chochán no fue despedazado para comenzar un proyecto o cumplir un sueño. Sus entrañas con la cara de Roca irán a pagar deudas.
Con el inerte animalito, de un martillazo, hoy maté una esperanza, che.
336
Anoche manejé de Martínez a Boedo. Auto prestado, yo soy pobre. Fui por un camino que me llevaba casi en línea recta, aunque plagado de semáforos: Panamericana, General Paz (hacia el Riachuelo), San Martín, Trelles (hasta donde se corta), Donato Álvares, Rivadavia (hasta donde cambia de mano), Rosario, Avenida La Plata, calle de esquina truculenta y nombre desconocido, pero con giro a la izquierda, poco después de pasar bajo la autopista, y doble rulo -casi una cinta de Moebius- para agarrar de mano la calle a la que iba.
Desde que salí de la General Paz hasta que estacioné en mi destino final, crucé los barrios de Devoto, La Paternal, un bordecito de Flores y gran parte de Caballito. Y me pegó una tremenda nostalgia de barrios en los que jamás viví.
Me acordé de encuentros trekkies en casa de mi abogado en Devoto. De noches de preadolescente en casa de Martín (mi amigo "de las vacaciones", que vivía en La Paternal). De dos hermanas conchetonas -Laura y Carolina- que compartían chalet familiar cerca de Ferro, por lo que su balcón era un palco de privilegio para escuchar recitales desde afuera. El bar de la esquina de José María Moreno y Rosario sigue estando ahí. Sé que Karina, al otro lado del mar, se acuerda de muchos litros de cafés trasnochados en esa esquina. Y no puedo pasarle cerca a la avenida Directorio sin acordarme de los poemas de quinceañera de Mariela y de un bar donde dibujábamos en las paredes.
Me permito en este tour de force por los barrios desmitificar a Dolina: no hay ángeles grises en Bacacay y Caracas (ni en Aranguren y Bolivia, las esquinas de "El volvedor"). Más bien, a la vuelta, en mitad de la madrugada, hay unos nenes que de "hombres sensibles" no tienen nada.
Un par de todos estos personajes cuyos fantasmas se me cruzaron en el camino mientras manejaba, aún me acompañan en el camino, a su manera. Todos los otros quedaron atrás y a duras penas hubiera recapitulado sus nombres si no fuera porque fui a comer un asado al culo del mundo.
337
Mi gato es bipolar. Puede comportarse como un tierno gatito mimoso o como el Demonio de Tasmania con un gramo de merca, todo sin motivos aparentes y en los mismos tres minutos. Pero anoche soñé que encontrábamos una explicación, y era que, en realidad, no teníamos un gato, sino dos. Sólo que, como eran exactamente iguales, se movían realmente muy rápido y nunca aparecían juntos, creíamos que era uno solo.
Sí, Doctor Freud: soñé que mi ganto tenía un evil twin ¿Que me va a cambiar la medicación? Ok, ok, sale cocktail doble de neurolépticos, stirred, not shaken.
Y hablando de excesos, esta noche voy a un asado. La instrucción del anfitrión fue: "Lo único que hay que llevar, una botella de lo que tomes (solo una y solo de lo que tomes)".
Perfecto.
Yo llevo una de Hepatalgina.
338
"A esta altura no somos amigos, somos secuaces", me dijo una tarde Alfredo, mirándome a través del cuarto vaso de whisky (cuarto para él, el mío -creo- era el sexto). A lo largo de los años fue mi profe, mi mentor, luego mi amigo y, en algún rincón de mi afiebrada psique, una figura paterna.
Ayer no tuvo mejor idea que demostrármelo: me llamó, preocupado por mi situación laboral. Y yo, como un buen hijo, le mentí a medias que no había de qué preocuparse, que todo iba a estar bien.
Tuve un día de espanto, donde me sentí como ese profesor hijo de puta que, en la escuela, te sigue exigiendo sin importarle cuatro carajos que falten apenas unos pocos días para que se terminen las clases. Para peor, la tropa está desanimada -y agotada- y el truco de los globos ya no funciona. Al final, cerré a cualquier hora, todos se fueron a casa agotados y yo terminé cenando con Ro en el shopping, porque en casa no había luz.
Cuando llegamos a casa había luz, pero no internet. Ro se puso a ordenar placares y yo a defragmentar discos rígidos. Sí, eso hace la gente aburrida y sib Twitter.
Menos mal que volvió Fibertel.
Ayer no tuvo mejor idea que demostrármelo: me llamó, preocupado por mi situación laboral. Y yo, como un buen hijo, le mentí a medias que no había de qué preocuparse, que todo iba a estar bien.
Tuve un día de espanto, donde me sentí como ese profesor hijo de puta que, en la escuela, te sigue exigiendo sin importarle cuatro carajos que falten apenas unos pocos días para que se terminen las clases. Para peor, la tropa está desanimada -y agotada- y el truco de los globos ya no funciona. Al final, cerré a cualquier hora, todos se fueron a casa agotados y yo terminé cenando con Ro en el shopping, porque en casa no había luz.
Cuando llegamos a casa había luz, pero no internet. Ro se puso a ordenar placares y yo a defragmentar discos rígidos. Sí, eso hace la gente aburrida y sib Twitter.
Menos mal que volvió Fibertel.
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